Corazón de Loto – Dominique Selman

Loto, como la flor que sale de los pantanos. Una flor que nace tras las adversidades, del agua impura para revelarse en un alma renovada, purificada y con una nueva esperanza de luz.

El corazón, como una flor, a veces tiene que aprender a salir de las áreas más sombreadas y dejar que sea la claridad lo que guíe su verdadero destino. La grandeza de la flor de loto no está en ella querer lucir que es de todas las más lindas, ni las más nobles, pues la flor de loto jamás pensó que nacería y su existir es un fenómeno casi inexplicable desde el punto de vista figurativo.

Aun así, nace y se destaca en un pantano. Los grandes logros, son iguales a las flores. Pueden ser abundantes, coloridas y llenas de vida, pero sin que se le de el cuidado necesario, mueren.

Por supuesto que en un mundo donde cada día hay más traición, dolor y penas es casi un acto de auto-destrucción e idealismo absoluto el decidir renunciar a nuestro orgullo o lo que esperan otros que sean nuestros logros, en vez de emprender en un proyecto de vida que, aunque no teníamos previsto, quizás ahora sea lo que más el corazón sienta lo hará florecer.

Qué maravilloso sería poder ayudar y cambiar el mundo sembrando flores de loto por todas partes, pero la realidad es que esa es una luz que debe salir sola de las tinieblas y solo a su tiempo perfecto puede abrir sus pétalos como las alas de una mariposa cuando culmina su metamorfosis.

Por eso la importancia que suelo mencionar en mis artículos de lo cíclico, que como la naturaleza, esta en constante cambio y puede sorprendernos con el más bonito de los regalos si solo nos renunciamos a tener el control total de nuestros impulsos y dejar que tomen su curso las energías que rigen aquel esplendor.

Sucede a veces en la vida, en los negocios, y en nuestros proyectos que sentimos que somos musgo del pantano y es eso lo que nos cohibe de convertirnos en esa flor de loto que podemos ser.

En el mundo, están sucediendo tantos cambios y hay posibilidad de hacer tanto a la vez que a veces ni siquiera le damos tiempo a que nuestro corazón florezca al curso, ni forma que realmente debería. Nos dejamos envolver en tanto ruido de lo que está a nuestro alrededor que no nos detenemos a cosechar lo que hemos plantado y que el resultado sea la voluntad divina que aunque cuestionemos, es la única perfecta.

Recomendación de la semana: Probar una receta nueva de un postre que pueda disfrutar contemplando de la naturaleza.

Dominique Selman es dominicana. Tras haber crecido entre Estados Unidos, Argentina y República Dominicana, regresó a Santo Domingo a trabajar en el sector turístico y cultural de su País. Actualmente dirige su propia empresa de consultorías enfocada al fomento de la creatividad en los negocios.