Por: Álvaro E. Sánchez Solís
La semana pasada tuve la oportunidad de ver la nueva biopic de Michael Jackson, titulada “Michael” y dirigida por Antoine Fuqua. Para quienes crecimos admirando al Rey del Pop, la película generó sentimientos encontrados. Aunque no es perfecta, representa lo más cercano que tendremos a vivir un concierto de Michael Jackson, especialmente para los fans jóvenes.

La cinta nos muestra a un Michael más allá de los reflectores y de las cámaras. Nos retrata a un niño cuya infancia fue brutalmente truncada por la presencia de un padre violento, controlador y exigente, cuya única preocupación parecía ser cuán famosos y ricos podían llegar a ser sus hijos. Joseph Jackson aparece como una figura dominante que sometió a Michael y a sus hermanos a un régimen de ensayos interminables, castigos físicos y presión constante. Esta representación resulta dolorosa, pero necesaria, pues explica en gran medida las heridas emocionales que acompañaron al artista durante toda su vida. Esto explica, también, la cantidad de cambios físicos que Michael sufrió a lo largo de su vida, producto de las inseguridades que le generó su padre.
No obstante, la temprana vida de Michael nos deja una valiosa lección sobre los límites en las relaciones entre padres e hijos. Vemos a un joven que, pese al miedo que le tenía a su padre, reúne el valor suficiente para “despedirlo” y tomar las riendas de su propia carrera. Esa decisión de volar solo marcó un antes y un después. A partir de ahí, Michael Jackson se convirtió en el artista más galardonado y famoso de la historia mundial.
El filme recorre varias etapas clave de su trayectoria artística: los años dorados de The Jackson 5, la explosión creativa con Off the Wall, el impacto cultural sin precedentes de Thriller y culmina con la era Bad, uno de sus tours más ambiciosos y visualmente impactantes. A través de estas etapas, la película intenta capturar no solo al artista, sino también al ser humano frágil, perfeccionista y profundamente solitario que habitaba detrás de la leyenda.
Más allá de las controversias que siempre han rodeado su figura, “Michael” consigue transmitir la genialidad incomparable de Jackson, su capacidad para fusionar géneros musicales, su innovadora visión escénica, esa voz única que sigue siendo inigualable y, sobre todo, su obsesiva necesidad de perfección en todo lo que hacía. Verlo bailar y cantar en la pantalla grande genera una mezcla de nostalgia, admiración y tristeza para quienes hemos seguido o estudiado su vida y su legado.
Al final, la biopic deja claro por qué Michael Jackson sigue siendo el Rey indiscutible del Pop. Su talento era tan descomunal que, incluso con todas sus imperfecciones humanas, logró trascender generaciones y convertirse en un ícono global que nunca ha sido igualado.
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