Perpetuo abandono

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Por: Álvaro Sánchez Solís

Guillermo Lasso está próximo a finalizar su mandato y, como se venía vaticinando meses antes de la muerte cruzada, lo hará de forma anticipada. Fue un presidente que encarnó los peores defectos y vicios de un funcionario público: ineptitud, mentira, corrupción, megalomanía, mitomanía, entre otras palabras del estilo que, lamentablemente, podemos atribuirle a este personaje.

Lasso ni siquiera se había posesionado y ya le había entregado el poder de la Asamblea a quienes serían sus futuros verdugos: Pachakutik, apartándose del partido que contribuyó en gran medida a su triunfo: el Partido Social Cristiano. Lasso creyó erróneamente que, al contar con el apoyo de la tristemente célebre Guadalupe Llori, tendría también el respaldo de Pachakutik, calculando mal su estrategia política.

Lasso, en su triste historial, tiene un solo «mérito», si es que podemos llamarlo así, y es haber adoptado los mecanismos adecuados y necesarios para que el país accediera a la vacuna y, así, salir del confinamiento al que nos condenó el COVID-19. Lasso y sus más desvergonzados adláteres todavía celebran este logro, como si su gobierno se resumiera, únicamente, en aquello. Las cifras de inseguridad, economía y migración son objetivas y no admiten criterios fanáticos.

Después de todo esto, las llamas en el infierno al que llamamos «Ecuador» se avivaron. La migración aumentó a tal nivel que los ecuatorianos superamos a los venezolanos en cuanto a migración, atravesando la Selva del Darién para llegar a Estados Unidos. Incluso el senador estadounidense Marco Rubio sentenció: «Siempre hemos tenido ecuatorianos, pero no como ahora».

Me resulta complicado pintar con exactitud el panorama dantesco que vive Ecuador, porque todos los días aparecen noticias que nos hacen fruncir el ceño y sentirnos deprimidos por la situación en la que vivimos. Pronto iremos a las urnas, pero creo, sinceramente, que un gobierno de año y medio no podrá resolver los problemas que enfrentamos.

En este momento, si hay una palabra con la que pueda sintetizar la relación entre el Gobierno y el país, es «abandono». Sí, vivimos en un perpetuo abandono, y también tienen razón quienes dicen que hemos vivido así desde hace varios años, pero el abandono actual es cínico e incluso criminal.  

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