Testamento 2024

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Tropezándome en las descachimbadas veredas de San Juan Bautista de Ambato, por donde no ha pasado la monumental obra de doña Diana, con mis ojos nublados por los apagones de Noboita y la sequía dispuesta por Diosito, acosado por unos mendigos con zapato de charol que no han retornado al país de Maduro y cansado de tantos años vividos con dolores en las rodillas, reparto mi herencia entre los que me ayudan a cruzar las calles, me protegen de los carteristas y granujas y me cobijan con sus imágenes de autoridades desorientadas y candidatos con cédula y sin licencia.

A la alcaldesa Diana Caiza, que ha hecho más que otritos en la zona urbana con la actualización de ese pomposo Plan de Uso y Gestión de Suelo, le dejo un listado con los nombres de técnicos de primera y a prueba de sablazos para que les tenga en cuenta a la hora de estabilizar el equipo municipal, con tantos jugadores desconocidos, importados de lejos, que entran y salen de la cancha en todos los tiempos de juego.

Al prefecto Manuelito, le dejo mis derechos en los deshielos del Chimborazo para que pelee por más caudales de agua para su faraónico proyecto hídrico con los deshielos del Caihuayrazo y para que, el día en que deje la prefectura de Tungurahua, pueda erigirse en amo y señor de las cumbres del Coloso, para mandar, desde las alturas, sobre los naturales de su infinita comarca de regantes.

A la gobernadora, Liliana, le dejo mi libreta de chascarrillos para que se divierta con mis bromas coloradas y sonría con alegría a tanto visitante que le pide la foto del Presi.

A los bendecidos asambleístas de año y medio de la provincia, les dejo mi cuenta de Tik Tok para que comuniquen si son o no del bando del de Carondelet o del de Bélgica, después de lo que les dijo el aguerrido Guarderas cuando le empujaban al abismo para que el abogado del Vice Glas suba desde las catacumbas a ocupar su puesto en el más politizado y desprestigiado organismo creado por los revolucionarios ciudadanos.

A los concejales de Ambato, les dejo mi añeja botella de brandy y mi tocadiscos del tiempo del mambo para que discutan con ánimo encendido y ritmo musical sobre el ruido y los ebrios en la vía pública durante las interminables y aburridas sesiones del Concejo municipal.

A los candidatos, comenzando por Danielito y pasando por Luisita, que pronto visitarán mi tumba en el cementerio municipal de La Merced, así como al radiodifusor asambleísta, Ramirito, y al ViceMinistro eterno, Estebitan el guapo, les dejo mi libro de oraciones al Señor para que eleven plegarias cada mañana pidiéndole votos y más votos.

Hágase mi voluntad.

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