La fanesca, plato emblemático de la Semana Santa, fusiona las tradiciones culinarias de los pueblos originarios andinos con influencias religiosas españolas. Desde tiempos precolombinos, en estos territorios se preparaba la Uchukuta como agradecimiento por la cosecha, mientras que los españoles introdujeron el potaje de vigilia con garbanzos y bacalao para el Viernes Santo.
La fanesca se gestó en la época colonial y se ha convertido en una tradición nacional, especialmente en la región Sierra. Este guiso combina granos, legumbres y pescado en un caldo lácteo, trascendiendo su valor culinario para abarcar dimensiones religiosas, culturales y sociales.
El platillo evoca la Última Cena y la abstinencia cuaresmal, mientras que, a nivel cultural, refleja la fusión de la herencia indígena y española, evidenciando su adaptación a lo largo del tiempo.







