Los genios y el poder

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Por: Luis Fernando Torres

En su mejor novela, Los Genios,  Jaime Bayly se aproxima a la dictadura cubana de Fidel y a las dictaduras peruanas de los generales Velasco Alvarado y Morales Bermúdez, desde la relación del colombiano García Márquez con Castro y del peruano Vargas Llosa con esos dos gobernantes de su país.

Los secretos bien guardados de Fidel sobre el autor  de Cien Años de Soledad, antes que una férrea convicción ideológica, le mantuvieron a García Márquez subyugado a los encantos de Fidel Castro, con quien solía compartir en Cuba tanto cenas intelectuales como paseos en velero. Aceptó, inclusive, que Fidel le dijera que el Otoño del Patriarca era una mejor novela que Cien Años de Soledad. Y nunca le cuestionó como sí lo hicieron otros escritores que se alejaron de la dictadura cubana, entre ellos, Vargas Llosa, ferviente defensor de los guerrilleros barbudos, antes de convertirse en una celebridad.

Tan cerca estuvo del dictador  Velasco Bermúdez que, según relata Bayly, el autor de la Ciudad y Los Perros, asistió al funeral de la pierna amputada, como parte de un selecto grupo de invitados a tan peculiar funeral. En su condición de socialista por aquella época, Vargas Llosa apoyó la nacionalización de la prensa decretada por el dictador sin pierna, medida expropiatoria que, ahora, le daría infarto.

El coqueteo con las dictaduras comunistas y socialistas fue un comportamiento recurrente de los dos genios de la literatura durante la década de los sesenta y setenta del siglo XX. Tal actitud comenzó a cambiar cuando se distanciaron. Vargas Llosa decidió mirar hacia otro lado, el de los gobiernos democráticos y libres, mientras García Márquez no pudo cortar con Fidel.

Independientemente de la relación que tuvieron con las dictaduras comunistas, ambos están más allá de los simples divulgadores políticos. Sus novelas trascienden los tiempos y las circunstancias.

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