Agricultores incendian Europa

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Por: Luis Fernando Torres

Berlín y París, símbolos del desarrollo urbano, con muchos habitantes que no han visto un tractor, una vaca o un agricultor y ganadero cubierto de polvo y, a veces, de estiércol, fueron asediadas por la violenta protesta de los agricultores y ganaderos alemanes y franceses. Se calcula que cinco mil tractores bloquearon vías periféricas de París, junto a diez mil agricultores.

La protesta tiene su origen en la deplorable condición económica de los agricultores y ganaderos, con sus ingresos en picada, primero, por los altos impuestos que pagan, entre ellos, el impuesto al diesel; segundo, por los bajos precios que reciben de las cadenas de intermediarios y comercializadores; tercero, por el desplazamiento de sus productos ocasionado por el ingreso de productos más baratos de fuera de la Unión Europea, y, quinto, por las absurdas restricciones ambientales y climáticas impuestas por la burocracia europea, que, en nombre del calentamiento global, viene aplicando un plan para desalentar, por ejemplo, la ganadería y los cultivos intensivos. El alto costo de los fungicidas es también un elemento clave de la plataforma de lucha.

Antes de los alemanes y franceses, fueron los agricultores y ganaderos holandeses los que paralizaron al país y obligaron al gobierno de Holanda a retroceder en la aplicación de las políticas ambientalistas y climáticas adoptadas en la poderosa Comisión de la Unión Europea. Por su parte, los agricultores y ganaderos españoles, aunque tardíamente, se han unido a los reclamos de sus pares alemanes y franceses.

El campo es uno de los grandes damnificados de la agenda globalista, cuyo propósito es, al final, destruir a la agricultura y ganadería tradicionales. En la Unión Europea es donde existen más devotos del globalismo. El nuevo Jefe de Gobierno francés, globalista de cepa, a los enardecidos agricultores y ganadores les dijo que deberían sentirse orgullosos de los cambios en Francia al tenerle a él en el gobierno, siendo homosexual, y de que la semana labora ya no sea de cinco sino de cuatro días. El novato Jefe de Gobierno se confundió de auditorio. Pensó que estaba frente a milenials urbanos. Los reclamantes se encendieron con más razón por considerarse que se les tomó el pelo.

Los agricultores y ganaderos del Ecuador tienen padecimientos parecidos a los de sus semejantes europeos. Una reacción similar debe estar dentro de las posibilidades.

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